Los periodistas en Washington están acostumbrados a buscar la noticia, pero la noche del sábado fue la historia la que los encontró. Mientras el presidente Donald Trump se preparaba para hablar en la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, el evento se vio interrumpido por el intento de un hombre armado de irrumpir en el salón del Washington Hilton, desatando el caos entre cientos de asistentes.
Los reporteros, vestidos de gala, se agacharon para cubrirse mientras trataban de entender lo que ocurría. “Estábamos debajo de la mesa antes de saber qué estaba pasando”, contaron Missy Ryan, Matt Viser y Michael Scherer, de The Atlantic. Cuando la confusión cedió un poco, los celulares se convirtieron en su principal herramienta para registrar, comunicar y reportar lo sucedido.
Susan Zirinsky, expresidenta de CBS News, relató que muchos reaccionaron con instinto profesional: “Era conseguirlo, grabarlo, reportarlo. Pero fue muy frustrante no poder sacar señal desde la sala”. La mala recepción telefónica impidió transmitir rápidamente la información, aunque también permitió que Alex Brandon, fotógrafo de The Associated Press, captara una de las imágenes más contundentes de la noche: el sospechoso Cole Tomas Allen detenido, sin camisa, fuera del salón de baile.
Wolf Blitzer, de CNN, estuvo a pocos pies del tirador cuando un agente lo tiró al suelo para protegerlo. Luego relató: “Pensé que estaba tratando de dispararme a mí. Fue muy aterrador, pero estoy bien”. En medio del pánico, los periodistas presentes empezaron a hacer lo que saben: cubrir la historia. Maura Judkis, de The Washington Post, escribió que mientras algunos entrevistaban testigos, otros grababan videos desde el celular o simplemente buscaban vino para calmar los nervios.
En la urgencia por informar, también se cometieron errores. Kaitlan Collins, de CNN, llegó a decir que el tirador había muerto, basándose en una fuente errónea. El episodio evidenció la dificultad de equilibrar rapidez y precisión durante una crisis.
La noche avanzó en medio de incertidumbre. Trump fue evacuado por el Servicio Secreto y posteriormente apareció en la Casa Blanca, donde afirmó haber visto “una enorme cantidad de amor y unión” entre los presentes. “Era un evento dedicado a la libertad de expresión que reunió a políticos y periodistas, y de cierta manera lo hizo”, dijo el mandatario.
El presidente elogió a Weijia Jiang, de CBS News, presidenta de la asociación, por su manejo del evento. Más tarde, en “60 Minutes”, Trump expresó su deseo de repetir la cena con mayores medidas de seguridad: “Deberíamos hacerlo dentro de 30 días. Estará bien”.
Sin embargo, voces de su entorno reaccionaron con dureza. Kari Lake acusó a los medios de compartir la culpa del incidente. Otros, como Zirinsky y Brian Stelter, de CNN, vieron en la tragedia una experiencia común que podría tender puentes entre la prensa y el presidente. “Literalmente sentí esta experiencia compartida. ¿Es esto una señal de cambio?”, planteó Zirinsky.
Aun así, el tono combativo de Trump volvió a manifestarse. Cuando Norah O’Donnell leyó en televisión parte de un mensaje del presunto atacante, él interrumpió tajante: “No deberías estar leyendo eso en ‘60 Minutes’. Eres una vergüenza”.




