El gobierno de Putin enfrenta nueva ola de protestas por economía y censura

Influencers y analistas reaccionan al creciente descontento social en Rusia por la crisis económica y el control de Internet.
El creciente descontento público en la Rusia en guerra, alimentado por las tensiones económicas y las restricciones de Internet, desafiaba al gobierno de Vladimir Putin

El presidente Vladimir Putin enfrenta un nuevo periodo de tensión interna tras una oleada de críticas públicas impulsadas por figuras influyentes rusas y el creciente malestar ciudadano ante la crisis económica, las restricciones de Internet y la prolongada guerra en Ucrania.

Un video de la bloguera Victoria Bonya, con más de 31 millones de vistas en Instagram, desató un debate nacional. Allí, la presentadora —con 13.6 millones de seguidores— acusa al gobierno de mal manejo ante desastres naturales, represión a los pequeños negocios y censura digital. Aunque Bonya resalta su apoyo a Putin, asegura que “el pueblo tiene miedo de decir la verdad”. La respuesta del Kremlin llegó por voz del portavoz Dmitry Peskov, quien reconoció haber visto el video y aseguró que “se está trabajando mucho” en los temas planteados.

El líder comunista Gennady Zyuganov también criticó al gobierno ante el Parlamento, advirtiendo sobre un posible levantamiento si no se atienden los problemas del país. Mientras tanto, canales y blogueros fieles al Kremlin prevén turbulencias sociales. La encuestadora estatal VTsIOM reportó una caída del índice de aprobación de Putin al 65.6%, el nivel más bajo desde antes de la guerra de Ucrania. El Centro Levada, independiente, también registró una baja, del 85% en octubre de 2025 al 80% en marzo.

El aumento del descontento se vincula particularmente a los cortes de Internet que sufren los rusos desde la primavera pasada. El gobierno asegura que son necesarios para impedir ataques con drones, pero críticos consideran que buscan reforzar el control estatal. El Kremlin promueve una nueva aplicación de mensajería, Max, acusada de ser una herramienta de vigilancia. Aun con quejas y demandas colectivas, Putin defendió las restricciones como medidas para “prevenir atentados terroristas”.

La tensión se agrava por la desaceleración económica. El ministro de Economía, Maxim Reshetnikov, admitió que las reservas del país “se han agotado en gran medida”, y Putin reconoció una contracción del producto interno bruto del 1.8% entre enero y febrero. “La vida se hace más dura”, advirtió Denis Volkov, del Centro Levada, al señalar que estos problemas afectan la percepción pública del mandatario.

A ello se suma la frustración por la falta de avances en el fin del conflicto con Ucrania. Sam Greene, profesor del King’s College de Londres, señaló que la población había albergado esperanzas de paz tras la llegada al poder del presidente estadounidense Donald Trump en 2025, pero las negociaciones se estancaron.

Pese al malestar, los analistas coinciden en que el régimen de Putin no enfrenta una amenaza inmediata. Según Mark Galeotti, de Mayak Intelligence, “no hay una oposición organizada significativa” y el presidente mantiene el control del aparato de seguridad. Sin embargo, las críticas públicas de figuras populares parecen estar legitimando el descontento y alentando un debate que, de acuerdo con el experto Abbas Gallyamov, podría seguir ampliándose.

La distancia entre el poder y la calle se ensancha, y mientras el Kremlin se aferra a su narrativa de estabilidad y seguridad, la presión social continúa creciendo en los márgenes.

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