Cuando el presidente Ronald Reagan salió del Hotel Hilton de Washington en una tarde gris de marzo de 1981, quedó expuesto apenas unos segundos. Fue tiempo suficiente para que John Hinckley Jr. abriera fuego, hiriéndolo en el pecho y dejándolo al borde de la muerte. Cuarenta y cinco años después, el eco de aquel ataque resonó otra vez frente al mismo hotel.
El sábado por la noche, durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, un hombre armado intentó irrumpir en el salón de baile del Washington Hilton. Según las autoridades, el sospechoso realizó al menos un disparo antes de ser reducido en medio de una escena caótica que obligó a evacuar al presidente Donald Trump y a altos funcionarios de su administración. El atacante no logró ingresar al salón ni acercarse al mandatario.
Desde su inauguración en la década de 1960, el Hilton ha sido escenario de innumerables eventos presidenciales. Aunque ambos incidentes comparten escenario, las medidas de seguridad actuales son mucho más estrictas. “La seguridad es mucho más sólida hoy que entonces”, afirmó Stephen T. Colo, exdirector adjunto del Servicio Secreto, quien recordó que, no obstante, persiste la tensión entre la protección de figuras públicas y el acceso del público.
En 1981, Hinckley se situó a apenas cinco metros de Reagan y disparó seis veces en menos de dos segundos, hiriendo también al secretario de prensa Jim Brady y a dos agentes. Tras aquello, el Servicio Secreto implementó detectores de metales y protocolos más rigurosos en actos públicos. El Hilton, por su parte, reforzó su estructura con un garaje blindado y accesos controlados.
Este fin de semana, el nuevo incidente se produjo cuando el sospechoso atravesó un punto de control hacia el salón de baile. Un video publicado por Trump muestra a agentes apuntando sus armas antes de detenerlo sin que resultara herido. Un agente recibió un impacto en el chaleco antibalas, pero no sufrió lesiones graves.
El fiscal general interino, Todd Blanche, indicó que el atacante pretendía agredir al presidente y a miembros de su administración. El sospechoso fue identificado por las autoridades como Cole Tomas Allen, de 31 años, residente de Torrance, California. Según informes policiales citados por The Associated Press, Allen viajó en tren desde California y se alojó en el hotel días antes del ataque. En mensajes enviados a familiares, se autodenominó “Asesino Federal Amistoso” y expresó críticas contra las políticas de la administración Trump, lo que refuerza la hipótesis de una motivación política.
Pese a las medidas de seguridad reforzadas, el incidente recordó lo vulnerable que puede resultar cualquier evento público, incluso con los protocolos más avanzados. Los ecos del intento de asesinato de Reagan, aún presentes en la memoria estadounidense, volvieron a escucharse entre los muros del histórico Washington Hilton.




