Algo así como bajar al infierno y volver ha sido la vida de Aníbal Santana Merced, un exconfinado, autor y motivador que hoy representa el poder transformador de la rehabilitación. En su noveno libro, “Viejo, pero no pendejo”, Santana profundiza en su historia personal, marcada por la violencia, la calle y su eventual redención a través de la lectura.
A los 11 años abandonó su hogar debido al abuso de su padre. Vivió en las calles, donde comenzó su relación con el delito. Tras su primer intento fallido de robo, fue confinado en una prisión juvenil, experiencia que él califica como su “universidad del crimen”. Luego de cumplir seis meses de sentencia, el tribunal le otorgó la custodia a su padre, decisión que lo llevó a fugarse y convertirse en prófugo.
“Le dije a mi padre ‘hasta nunca’ y comencé a ocultarme en los montes, en casas de amigos, porque no quería regresar a la cárcel ni seguir siendo maltratado”, relató. No tardó en involucrarse más profundamente en el mundo criminal, formando su propia organización a los 15 años. A esa edad sobrevivió a un intento de asesinato perpetrado por su mejor amigo. Dos años más tarde fue arrestado y condenado a 262 años de prisión por asesinato, robo, carjacking, violación a la Ley de Armas y otros delitos graves.
El 18 de junio de 1999 ingresó a la cárcel en Ponce. Seis meses después nació su hija, quien se convirtió en su razón para aferrarse a la vida. “Cuando nace mi hija, me regresó a la vida. Mi niña fue ese motor que me dio ganas de vivir otra vez”, recordó con emoción.
El punto de inflexión llegó en una celda de aislamiento, donde halló una biblia y comenzó a leerla “por aburrimiento”. Se identificó con la historia de Saulo de Tarso y su conversión al apóstol Pablo. Más tarde, en la cárcel de Guayama, otro encuentro casual con un libro –“El Alquimista”, de Paulo Coelho– le reafirmó su pasión. “Cuando leía me sentía libre, no escuchaba los portones ni los gritos. Me percaté de que cuando yo leía, no estaba preso”, expresó.
Desde entonces, los libros se convirtieron en su escape y su herramienta de transformación. En 2013, tras cumplir 15 años en prisión, recuperó su libertad. Su novena obra busca inspirar a quienes atraviesan la desesperanza. “La rehabilitación depende de muchos factores, pero nada sirve si uno decide no cambiar. A veces hay que alejarse incluso de la familia para poder progresar”, sostuvo.
El título de su más reciente libro nació de una anécdota callejera. “Cuando salí, me encontré con alguien del pasado que me ofreció volver al bajo mundo. Me dijo: ‘saliste viejo de la cárcel’. Y yo le contesté: ‘viejo, pero no pendejo’”, recordó entre risas.
Hoy, Aníbal Santana Merced se dedica a escribir, motivar y testificar lo que considera una resurrección personal: un viaje del crimen a la esperanza, impulsado por el poder de la lectura.




