Dubái – Pakistán continuó el lunes con los preparativos para una nueva ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán, días antes de que expire un frágil alto el fuego. Sin embargo, el recrudecimiento de la violencia en el estrecho de Ormuz ha despertado dudas sobre la posibilidad de que la reunión se concrete.
Durante el fin de semana, Estados Unidos atacó y tomó control de un buque de carga con bandera iraní, alegando que intentaba evadir el bloqueo sobre los puertos iraníes. El mando militar conjunto de Irán prometió responder, mientras su ministro de Exteriores, Abbas Aragchi, acusó a Washington de mostrar “señales claras” de falta de sinceridad antes del diálogo, según la prensa estatal iraní.
Con las tensiones en aumento, Pakistán ha intensificado los contactos diplomáticos con ambas capitales en las últimas 24 horas, intentando concretar la cita prevista para el martes, confirmaron dos funcionarios paquistaníes bajo anonimato. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que los negociadores estadounidenses viajarían a Islamabad el lunes, aunque no estaba claro si esos planes se mantendrían.
En Teherán, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmail Baghaei, señaló que “no hay planes para una próxima ronda de negociaciones” aunque no descartó totalmente la opción. Irán reconoció haber recibido nuevas propuestas de Washington, pero insistió en que persisten amplias diferencias sobre el programa nuclear, sus aliados regionales y el control del estrecho de Ormuz.
Irán restringió el tráfico marítimo en el estrecho, que conecta el golfo Pérsico con el mar abierto, tras los ataques de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero. En tiempos normales, cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo cruza por esa vía, junto a exportaciones clave de gas y fertilizantes.
Las consecuencias humanas también son graves: al menos 3,375 personas han muerto en Irán desde el inicio de la guerra, según Abbas Masjedi, jefe de la Organización de Medicina Legal del país. De ellas, 2,875 eran hombres, 496 mujeres y 383 menores de edad. Otras 2,290 personas han fallecido en Líbano, 23 en Israel y más de una docena en países del Golfo; además, quince soldados israelíes y trece militares estadounidenses murieron en la región.
El conflicto en Ormuz ha disparado los precios del petróleo, provocando una de las peores crisis energéticas globales en décadas. Aunque el crudo Brent se estabilizó brevemente tras la reapertura parcial del paso, volvió a subir tras la captura del buque iraní. El precio rozaba los 95 dólares por barril, más de un 30% superior al nivel del inicio de la guerra.
Irán advirtió que podría mantener las restricciones y agravar las tensiones económicas internacionales mientras cientos de barcos permanecen retenidos en ambos extremos del estrecho. “La elección es clara: o un mercado petrolero libre para todos, o costes significativos para todos”, escribió Mohammad Reza Aref, primer vicepresidente de Irán, en un mensaje en redes sociales en el que pidió el fin de la presión militar y económica sobre Teherán.




