Washington — Ante la posibilidad de que no se prorrogue el alto el fuego con Irán, la administración de Donald Trump se prepara para trasladar su estrategia militar hacia una ofensiva económica que busca asfixiar financieramente a Teherán. El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció en la Casa Blanca que las próximas medidas serán “el equivalente financiero” de una campaña de bombardeos.
El plan incluye sanciones secundarias a países que mantengan vínculos comerciales o bancarios con entidades iraníes, afectando incluso a aliados como Emiratos Árabes Unidos y a rivales como China. Según Bessent, Washington ha advertido que actuarán contra quienes compren petróleo iraní o manejen fondos de Teherán, calificando la acción como “una medida muy severa”.
El Departamento del Tesoro envió cartas a instituciones financieras en China, Hong Kong, EAU y Omán alertando sobre sanciones por facilitar operaciones iraníes. La movida busca reforzar un “libro de jugadas económicas” que, según una fuente anónima citada por The Associated Press, Trump pretende usar para forzar un nuevo acuerdo nuclear.
Bessent reveló que dos bancos chinos ya recibieron avisos relacionados con dinero iraní y que los vecinos del Golfo podrían congelar activos iraníes. Mientras, Trump se prepara para viajar a Pekín y reunirse con el presidente chino, Xi Jinping.
Sin embargo, las críticas no se han hecho esperar. La senadora Elizabeth Warren advirtió que las nuevas sanciones podrían resultar ineficaces si Irán logra beneficiarse del alza del petróleo tras el bloqueo en el Estrecho de Ormuz. “Lo que el secretario Bessent está tratando de hacer es limpiar el desastre que Trump creó al iniciar esta guerra”, expresó.
Expertos como Daniel Pickard anticipan un posible “retroceso diplomático y económico” entre los aliados de Washington, mientras que el Tesoro defendió la medida al asegurar que continuará desmantelando redes de contrabando y financiamiento al terrorismo.
En paralelo, EE. UU. sancionó una red de contrabando de petróleo vinculada al fallecido funcionario iraní Ali Shamkhani, que habría operado buques y empresas fachada para comerciar crudo iraní y ruso.
La Casa Blanca cree que la combinación de bombardeos y medidas financieras ha cambiado el rumbo de la guerra. Según el vicepresidente JD Vance, Trump “no quiere un pequeño trato, quiere el gran acuerdo: si Irán abandona las armas nucleares, prosperará”. Por su parte, Stephen Miller aseguró que el presidente “ha jugado el jaque mate” con el bloqueo marítimo.
Aun así, algunos republicanos como el senador Mike Rounds dudan de la efectividad del nuevo enfoque. “Ya estamos imponiendo sanciones duras… no soy optimista sin un cambio de régimen”, dijo.
Trita Parsi, del Quincy Institute, sostuvo que Trump estaba políticamente acorralado antes del alto el fuego, pero que ahora “Irán parece necesitar un acuerdo más que Estados Unidos”.




