ROMA — En su mensaje más contundente hasta ahora, el papa León XIV denunció el sábado el “engaño de omnipotencia” que, según dijo, alimenta la guerra entre Estados Unidos e Israel en Irán, e instó a los líderes políticos a detener la violencia y negociar la paz.
El pontífice presidió una vigilia de oración en la Basílica de San Pedro, coincidiendo con el inicio de negociaciones cara a cara entre Washington y Teherán en Pakistán, en medio de un frágil alto el fuego. Durante la ceremonia, León XIV —el primer papa nacido en Estados Unidos— no mencionó directamente ni a su país natal ni al presidente Donald Trump, aunque el tono de su mensaje pareció dirigido a ellos.
“¡Basta de idolatría del yo y del dinero! ¡Basta de exhibición de poder! ¡Basta de guerra!”, exclamó el pontífice ante miles de fieles. Entre los asistentes se encontraban el arzobispo de Teherán, cardenal Dominique Joseph Mathieu, y la jefa adjunta de misión de la Embajada de Estados Unidos ante la Santa Sede, Laura Hochla.
Nacido en Chicago, León XIV había mantenido una postura prudente durante las primeras semanas del conflicto, limitándose a llamados discretos al diálogo. Sin embargo, desde el Domingo de Ramos ha intensificado sus denuncias, calificando recientemente como “verdaderamente inaceptable” la amenaza de Trump de aniquilar la civilización iraní.
El papa llamó a las personas de buena voluntad a rezar por la paz y a exigir a sus dirigentes el fin de la guerra. Durante la vigilia, se leyeron las Escrituras y se rezó el rosario, en simultáneo con actos de oración en Estados Unidos y otros países. “Rezar por la paz es romper el ciclo demoníaco del mal para construir el Reino de Dios”, afirmó León. “Es ahí donde hallamos un baluarte contra ese delirio de omnipotencia que nos vuelve imprevisibles y agresivos”.
El pontífice también advirtió sobre el uso de la religión como justificación para la guerra. Mencionó que figuras como el secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth han invocado su fe cristiana para presentar a Estados Unidos como una nación elegida para derrotar a sus enemigos. “Dios no bendice ninguna guerra, y menos a quienes lanzan bombas”, reiteró León XIV.
El papa concluyó la ceremonia sentado junto al altar, vestido con capa roja y estola blanca, sosteniendo un rosario en sus manos. Mientras tanto, muchos de los asistentes —sacerdotes, monjas y fieles— oraban con él por el fin de la violencia. El Vaticano expresó su preocupación por las consecuencias del conflicto de Israel contra Hezbollah en Líbano, especialmente por las comunidades cristianas que viven en el sur del país.
León XIV reafirmó que el verdadero poder no está en la fuerza militar, sino en el perdón y la compasión, y pidió que se silencien las armas para que hablen “las voces del entendimiento y la esperanza”.




