Islamabad — Estados Unidos e Irán iniciaron el sábado negociaciones cara a cara en Pakistán, pocos días después de anunciarse un frágil alto el fuego de dos semanas. El encuentro busca aliviar una guerra que ha dejado miles de muertos y ha alterado los mercados globales.
La Casa Blanca confirmó que las conversaciones eran directas, una rareza diplomática entre ambos países, y que al cierre de la jornada continuaban. Mientras tanto, el ejército estadounidense informó que dos destructores transitaron por el estrecho de Ormuz para labores de limpieza de minas, algo que Irán negó a través de sus medios estatales.
La delegación de Estados Unidos está encabezada por el Vicepresidente JD Vance, mientras que la de Irán la lidera el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf. Ambos discutieron con el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, los términos del alto el fuego, amenazado por los ataques de Israel contra Hezbolá en el Líbano.
Desde 1979, los contactos directos entre Washington y Teherán han sido escasos. El antecedente más reciente se remonta al acercamiento telefónico entre el presidente Barack Obama y Hassan Rouhani en 2013.
Irán presentó sus “líneas rojas”, exigiendo compensaciones por los daños causados por los bombardeos estadounidense-israelíes y la liberación de activos congelados. Los iraníes condicionaron además las conversaciones a una reducción de los ataques israelíes en el sur del Líbano.
El conflicto ha provocado al menos 3,000 muertes en Irán, más de 2,000 en el Líbano, 23 en Israel y más de una docena en otros países del Golfo Pérsico. El control iraní del estrecho de Ormuz ha paralizado gran parte del comercio energético, elevando los precios del petróleo.
Funcionarios de China, Egipto, Arabia Saudita y Catar también se encuentran en Islamabad en un rol de mediadores indirectos. En Teherán, los residentes expresaron esperanza y escepticismo tras semanas de ataques aéreos.
El Papa León XIV condenó el “delirio de omnipotencia” detrás del conflicto, mientras en Tel Aviv miles de personas marchaban para exigir el cese de la guerra.
Antes de la cumbre, el presidente Donald Trump acusó a Irán de usar el estrecho de Ormuz como herramienta de presión y prometió abrirlo “con o sin ellos”. Estados Unidos anunció que desplegará fuerzas adicionales, incluidos drones submarinos, para mantener libre la ruta marítima.
Teherán, por su parte, llegó a las negociaciones con “profunda desconfianza”, según su canciller Abbas Araghchi, quien advirtió que responderían a cualquier nuevo ataque. Irán presentó una propuesta de 10 puntos que incluye garantizar el fin de la guerra y mantener el control sobre el estrecho, mientras que Estados Unidos planteó un documento de 15 puntos centrado en limitar el programa nuclear iraní y reabrir la vía marítima.
En paralelo, Israel y el Líbano se preparan para iniciar conversaciones directas el martes en Washington, pese a sus tensas relaciones. No obstante, nuevas manifestaciones en Beirut y ataques israelíes recientes, con más de 300 muertos en un solo día, amenazan con complicar la negociación.




