En cuestión de horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pasó de amenazar con la “aniquilación” de Irán a anunciar una tregua de 14 días, luego de que el liderazgo iraní presentara un plan “viable” que, según él, podría allanar el camino hacia el fin de la guerra que ya lleva seis semanas.
El giro se produjo mientras mediadores encabezados por Pakistán trabajaban para evitar una nueva escalada. China, el principal socio comercial de Irán, también intervino discretamente para propiciar el diálogo, según confirmaron fuentes diplomáticas bajo anonimato.
“Ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares, y avanzamos hacia un acuerdo definitivo de paz a largo plazo con Irán y la paz en Oriente Medio”, afirmó Trump en sus redes sociales, minutos antes de que venciera su ultimátum para que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, la tregua fue recibida con versiones contradictorias. Mientras Irán insistió en que incluía el fin de la guerra en Líbano, Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aclararon que el alto el fuego no abarcaba ese frente y que las operaciones israelíes continuarían.
El vicepresidente JD Vance, quien liderará esta semana en Pakistán una delegación estadounidense para buscar un acuerdo permanente, reconoció que “ningún alto el fuego transcurre sin un poco de turbulencia”, pero aseguró que las negociaciones avanzan en la dirección correcta.
El miércoles, Trump se reunió en la Casa Blanca con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, molesto con los aliados que —a su juicio— no han ayudado a reabrir la estratégica vía marítima mientras los precios del combustible se disparan. Legisladores demócratas calificaron su amenaza de “fracaso moral”, y el papa León XIV advirtió que los ataques contra infraestructura civil violarían el derecho internacional.
Analistas apuntan a que el cambio de rumbo de Trump responde al temor de verse envuelto en otra “guerra interminable” que consumiría recursos durante años. Ben Connable, director de Battle Research Group, explicó que controlar el estrecho de Ormuz requeriría hasta 45,000 soldados estadounidenses y una presencia sostenida por décadas.
El plan de cese al fuego incluye que Irán y Omán puedan cobrar cuotas a los buques que crucen el estrecho, ingresos que serían destinados a tareas de reconstrucción. No obstante, la secretaria de prensa Karoline Leavitt aclaró que la prioridad de Trump sigue siendo reabrir el paso “sin limitaciones”.
La Casa Blanca confirmó además que Vance encabezará el equipo negociador junto con el enviado Steve Witkoff y Jared Kushner. Las conversaciones con representantes iraníes comenzarán en Islamabad, con la esperanza de consolidar una paz duradera. “Exhorto a los iraníes a sentarse a la mesa seriamente”, dijo Vance. “Estamos en una buena posición”.




