El presidente estadounidense Donald Trump volvió a lanzar mensajes contradictorios sobre la guerra con Irán, reflejando la falta de una estrategia coherente de su gobierno frente al conflicto que ya entra en su cuarta semana.
El viernes, Trump sostuvo que evaluaba “poner fin gradualmente” a la guerra, señalando que Estados Unidos estaba cerca de cumplir sus objetivos en la región. Casi al mismo tiempo, su administración confirmó el envío de más tropas a Oriente Medio y levantó parcialmente sanciones a la venta de petróleo iraní, una medida con la que buscaba aliviar los precios internacionales del crudo.
Sin embargo, las contradicciones se agravaron apenas un día después, cuando el mandatario amenazó con “golpear y aniquilar” las centrales eléctricas iraníes si el país no abría el estrecho de Ormuz en 48 horas. En ese punto estratégico circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo, y los ataques en la zona han generado un fuerte impacto económico en los mercados globales.
A la par, el Pentágono anunció el despliegue de tres buques de guerra y unos 2,500 marines adicionales a la región, elevando a unas 50,000 las personas involucradas en el esfuerzo bélico. Aunque Trump ha rechazado enviar tropas terrestres, analistas advierten que la presencia de fuerzas especiales podría ser necesaria si Washington quiere garantizar la seguridad del estrecho.
El gobierno estadounidense también levantó temporalmente sanciones al petróleo iraní ya embarcado, una medida que según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, permitirá liberar unos 140 millones de barriles al mercado mundial. “Al hacerlo, ayudaremos a aliviar las presiones temporales sobre la oferta causadas por Irán”, escribió en la red X. Sin embargo, analistas del sector energético creen que el efecto será limitado y que el cierre parcial del estrecho mantiene la mayor presión sobre los precios.
Incluso dentro del Partido Republicano surgieron críticas. “Bombardeando a Irán con una mano y comprando petróleo iraní con la otra”, escribió en X la congresista Nancy Mace, de Carolina del Sur.
Mientras tanto, la economía global continúa tambaleándose ante un conflicto que, lejos de disminuir, parece multiplicar sus frentes y contradicciones.




