Una mezcla de incertidumbre, enojo y esperanza se palpa en Cuba tras las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que Washington podría tomar “medidas inminentes” contra el gobierno de la isla. Su administración, la más agresiva con La Habana en la historia reciente, ha restringido las exportaciones de petróleo en un intento por forzar un cambio de régimen, lo que ha agravado la crisis en el país.
El bloqueo ha golpeado con fuerza a la población civil, afectando servicios de salud y transporte debido a la falta de combustible y recursos básicos. Los apagones prolongados y la escasez mantienen a muchos cubanos al borde de la desesperación. Matilde Visoso, madre soltera de 64 años, afirmó que “Cuba está esperando a Trump y a Marco Rubio también, porque ya no esperamos más. Es demasiado, nos reprimen mucho, hay mucha hambre. Cuba llora”.
Fuentes estadounidenses citadas bajo anonimato indicaron que Washington busca que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez deje el cargo, aunque no se ha divulgado quién podría sustituirlo. Por su parte, Rubio insistió en que el modelo económico socialista cubano necesita “cambiar drásticamente”.
Las tensiones se intensifican tras la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela, que provocó la captura de Nicolás Maduro en enero, y el lanzamiento de una campaña militar conjunta con Israel contra Irán el 28 de febrero. En respuesta, Díaz-Canel Bermúdez acusó a Trump en la red social X de amenazar públicamente a Cuba “casi a diario” con derrocar su gobierno, advirtiendo que cualquier agresión enfrentará “una resistencia inexpugnable”.
No todos creen que Washington llegue a intervenir. “No creo que entren. Aquí, en Cuba, no creo que entren. Los americanos pueden decir lo que quieran, pero quien decide es el pueblo cubano”, opinó el médico Jesús García, de 62 años.
Aunque persiste la incertidumbre, pequeños gestos de solidaridad ofrecen alivio. Grupos activistas y gobiernos aliados, como México, enviaron cinco toneladas de equipo médico, paneles solares y suministros, según reportó la televisión estatal. Sin embargo, se trata apenas de una fracción de lo que necesita el país.
María del Carmen Companioni, de 51 años, resumió el sentir de muchos: “Todo esto tiene a las personas muy alarmadas y muy mal. No se sabe qué va a pasar”.




