Israel abatió al ministro de Inteligencia de Irán, Esmail Khatib, y presuntamente atacó un yacimiento de gas natural frente a las costas iraníes, intensificando la guerra que desde febrero afecta al equilibrio energético del Golfo Pérsico. Teherán condenó el ataque y el presidente Masoud Pezeshkian advirtió sobre “consecuencias incontrolables” que podrían extender el conflicto a escala mundial.
Tras el bombardeo israelí al yacimiento Pars Sur —compartido con Qatar—, Irán lanzó misiles contra instalaciones gaseras qataríes y en los Emiratos Árabes Unidos. Doha respondió dando 24 horas a los diplomáticos iraníes para abandonar el país, mientras el gobierno emiratí calificó los ataques como una “peligrosa escalada”. Las operaciones en las zonas afectadas fueron suspendidas al interceptarse proyectiles en el aire.
El conflicto ha elevado el precio del crudo a más de $108 por barril, con un aumento del 50% desde el inicio de las hostilidades. En respuesta a la crisis energética, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos flexibilizó sanciones sobre Venezuela para permitir a empresas estadounidenses retomar operaciones con la petrolera estatal.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, prometió “grandes sorpresas” tras la muerte de Khatib. En días previos, Israel también había matado a Alí Larijani y al general Gholam Reza Soleimani, dos altos funcionarios de la seguridad iraní. En represalia, Irán lanzó una oleada de misiles de múltiples ojivas contra el centro de Israel, causando las primeras muertes en la Cisjordania ocupada, donde tres personas fallecieron y 13 resultaron heridas en Beit Awa, según la Media Luna Roja Palestina.
Los ataques también afectaron a Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin y nuevamente a los Emiratos Árabes Unidos. Israel había informado a Estados Unidos sobre su intención de atacar Pars Sur, aunque Washington —bajo la administración de Donald Trump— no participó en la operación.
La tensión ha paralizado rutas marítimas en el estrecho de Ormuz, vital para el transporte de petróleo mundial. Trump expresó molestia ante la falta de cooperación aliada y aseguró: “¡No necesitamos la ayuda de nadie!”. En tanto, Reino Unido advirtió sobre los riesgos de minas y drones en la zona.
En Irán, un ataque aéreo en Larestán dejó al menos ocho muertos, y la cifra total de fallecidos en el país supera los 1,300 desde el inicio de la guerra. Además, la agencia Mizan reportó la ejecución de Kourosh Keyvani, acusado de espiar para el Mossad. Suecia condenó el hecho, afirmando que la víctima era un ciudadano sueco.
Paralelamente, Israel intensificó sus bombardeos en Líbano contra objetivos de Hezbollah en Beirut, provocando la muerte de unas doce personas y desplazando a más de un millón de libaneses, según autoridades locales. En total, 968 libaneses, 14 israelíes y 13 militares estadounidenses han muerto durante el conflicto. El presidente Trump rindió homenaje en Delaware a seis soldados estadounidenses fallecidos en un accidente aéreo.
El líder supremo iraní, el ayatolá Mojtaba Jameneí, lamentó la muerte de Larijani y elogió su papel en la República Islámica. Los misiles siguen cayendo, y la guerra —por ahora sin señales de detenerse— continúa afectando la estabilidad energética mundial.




