Sesenta y un años después de la brutal represión policial en el puente Edmund Pettus, en Selma, Alabama, miles de personas regresaron a ese emblemático lugar para recordar la histórica marcha por los derechos civiles de 1965 y expresar preocupación por el futuro de la Ley de Derecho al Voto.
El 7 de marzo de aquel año, conocido como el Domingo Sangriento, la violencia contra los manifestantes provocó conmoción nacional y condujo a la aprobación de la legislación que eliminó barreras al voto para los afroamericanos del sur. Este fin de semana, Selma volvió a ser escenario de actos conmemorativos que incluyeron ceremonias religiosas, discursos y una marcha simbólica a través del puente.
La conmemoración ocurre en momentos en que el Tribunal Supremo evalúa un caso que podría limitar protecciones de la Ley de Derecho al Voto, lo que despertó alertas entre líderes civiles y políticos. “Me preocupa que todos los avances logrados en los últimos 61 años sean borrados”, declaró Charles Mauldin, de 78 años, quien fue golpeado durante la represión de 1965.
Durante los actos, el gobernador de Maryland, Wes Moore, instó a “seguir avanzando” y recordó que los manifestantes del puente “merecen algo mejor que vernos acobardados mientras nos arrebatan las libertades que heredamos”. Desde el escenario montado al pie del puente, el gobernador de Illinois, JB Pritzker, denunció que “el racismo está creciendo en Estados Unidos” y acusó al “Tribunal Supremo de Trump” de desmantelar la Ley de Derecho al Voto.
La jornada también rindió homenaje póstumo al reverendo Jesse Jackson, fallecido el 17 de febrero a los 84 años. Su hijo, Yusef Jackson, aseguró que el legado de su padre vivirá y llamó a “recuperar el gobierno en las urnas en noviembre”.
El representante federal Shomari Figures, elegido en un distrito de Alabama redibujado para dar mayor voz a los votantes negros, advirtió que un fallo adverso del Tribunal Supremo podría revertir esos avances. “Lo ocurrido en Selma fue monumental para definir cómo se representa a la ciudadanía en el Congreso”, afirmó.
Entre los asistentes estuvieron veteranos de la marcha original, como James Reynolds, quien en 1965 era estudiante en Selma y participó en el Comité Coordinador Estudiantil No Violento. “Aún seguimos luchando por el derecho al voto”, subrayó.
La conmemoración culminó con una multitudinaria caminata sobre el puente Edmund Pettus, esta vez protegida por la policía estatal, símbolo de un país que todavía enfrenta disputas sobre igualdad, representación y justicia social.




