La caída de la otrora todopoderosa Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), ahogada por una deuda impagable y sin capacidad de ofrecer un servicio estable y asequible a más de tres millones de puertorriqueños, se ha convertido en uno de los símbolos más claros del deterioro fiscal y económico de Puerto Rico durante las últimas dos décadas.
Esa crisis energética, marcada por apagones constantes y tarifas elevadas, refleja los profundos problemas estructurales de un país que permanece estancado en una recesión prolongada. Aunque recientemente ciertos indicadores económicos muestran signos de alivio, estos están impulsados en gran medida por la inyección sin precedentes de fondos federales, más que por un crecimiento sostenible.
Manuel Guillama Capella, autor del reportaje original, plantea que la situación de la AEE ilustra hasta qué punto la falta de planificación, la corrupción administrativa y el endeudamiento masivo han dejado a la corporación pública —y al país— en un aparente punto sin retorno. Su colapso expone los retos de reconstruir no solo la infraestructura eléctrica, sino también la confianza en las instituciones gubernamentales responsables de proveer los servicios esenciales.




