Hawaii estudia permitir la matanza de gallinas silvestres por aumento descontrolado

Legisladores debaten nuevas medidas ante el aumento de aves que invaden vecindarios y parques.
Un jubilado denunció que un gallo lo despierta a las 3:00 a.m. y que gran parte de su día se la pasa ahuyentando las aves

HONOLULU – Antes de que amanezca, Mason Aiona ya escucha los gallos cantar afuera de su casa en Hawaii. Pero lo que más le molesta no es el ruido a las 3:00 a.m., sino el tener que pasar el día espantando las gallinas que escarban su jardín y enfrentando a quienes las alimentan en un parque cercano.

“Es un gran problema”, dice el jubilado sobre los gallos, gallinas y pollitos que merodean por las calles de Honolulu. “Y se están multiplicando”.

Desde hace años, comunidades en todo el estado intentan controlar la proliferación de estas aves sin lograrlo. El gobierno local ha gastado miles de dólares en atraparlas, pero ahora se evalúan medidas más drásticas, entre ellas permitir que los residentes las maten, clasificarlas como una “plaga controlable” y sancionar a quienes las alimenten o las liberen en parques públicos.

Sin embargo, el tema genera debate. Para algunas personas las gallinas son un símbolo cultural. La defensora animal y practicante de la cultura hawaiana Kealoha Pisciotta recuerda que muchas de estas aves descienden de las traídas por los primeros viajeros polinesios. “Es muy significativo”, asegura. “Vinieron con nosotros”. La Hawaiian Humane Society también se opone a las medidas letales mientras existan alternativas.

El diputado Scot Matayoshi, demócrata por Kaneohe, promovió legislación después de que maestros le informaran que los pollos asustaban a sus alumnos y se volvían más agresivos en busca de comida. Otro legislador, Jackson Sayama, presentó un proyecto de ley que dejaría en manos de los residentes el método de eliminación. “Si quieres ir a la vieja escuela y romper el cuello del pollo, está perfectamente bien”, dijo.

Los intentos anteriores de control han fracasado, incluso propuestas para aplicar anticonceptivos a las aves. Matayoshi afirma que ahora el problema se toma más en serio.

Aiona y su esposa Leona viven desde hace más de tres décadas en un valle de Honolulu. Cuentan que las gallinas comenzaron a aparecer hace unos diez años y se multiplicaron durante la pandemia de COVID-19. “Una vez vi a un hombre que simplemente dejó un pollo en el parque y se fue”, dice Aiona. En otra ocasión atrapó uno y lo liberó en un área cercana al aeropuerto, pero pronto comprendió que era inútil.

Aiona no está a favor de matarlos. Prefiere que se les recoja y traslade a granjas, aunque reconoce que el control urbano es costoso. La ciudad contrata una compañía privada de control de plagas: el servicio cuesta $375 por semana, más $50 por la jaula y $10 por cada ave capturada. En 2025 se atraparon más de 1,300 pollos, informó el portavoz del Departamento de Servicios al Cliente, Harold Nedd, quien también señaló un aumento del 51 % en las quejas por aves asilvestradas.

Algunos vecinos las espantan con sopladores de hojas. “Yo tengo uno eléctrico”, dice Aiona con humor. Aunque no recomienda a nadie comerlas —por su carne dura y posibles enfermedades—, invita a quien quiera una gallina a llevársela. “Yo ya estoy cansado de decirle a la gente que no las alimente”.

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