Ilulissat, Groenlandia – Jørgen Kristensen creció en un pequeño pueblo del norte de Groenlandia, donde los perros de trineo de su padrastro se convirtieron en sus mejores amigos y su refugio ante el acoso escolar. A los nueve años salió a pescar sobre el hielo junto a ellos, dando inicio a una pasión que lo llevó a ser cinco veces campeón nacional de trineos tirados por perros.
Hoy, a sus 62 años, el excompetidor mira con tristeza la tierra desnuda donde antes se extendía la nieve. Por primera vez recuerda un enero sin hielo ni nieve en Ilulissat, una ciudad situada unos 300 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico. «Si perdemos los trineos tirados por perros, perderemos gran parte de nuestra cultura. Eso me asusta», dijo con la voz quebrada a The Associated Press.
Las temperaturas invernales que en los años 80 solían alcanzar los -25 grados Celsius ahora con frecuencia superan el punto de congelación. Kristensen cuenta que debe recoger nieve para dar de beber a sus perros, porque ya no queda en el camino. Este calentamiento afecta no solo a la comunidad local, sino también al planeta. El glaciar Sermeq Kujalleq, uno de los más activos del mundo según la UNESCO, se está derritiendo a un ritmo récord, lo que contribuye al aumento del nivel del mar y altera ecosistemas desde Europa hasta el Pacífico, de acuerdo con la NASA.
El deshielo también revela recursos minerales valiosos, lo que muchos groenlandeses vinculan con el renovado interés del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la isla. Según Kristensen, ese apetito por los minerales explica las exigencias previas del mandatario de adquirir Groenlandia e incluso sus sugerencias de hacerlo por la fuerza.
Para los inuit, el hielo marino solía ser un puente que unía comunidades de todo el Ártico y permitía la caza en zonas remotas. Este año, sin embargo, las capas heladas no aparecieron. «Conducir un trineo sobre el hielo era como viajar por la mayor autopista del mundo. No tenerlo es una gran pérdida», lamentó el campeón.
Sara Olsvig, presidenta del Consejo Circumpolar Inuit, explicó que la falta de hielo obligó al gobierno groenlandés a ofrecer asistencia económica a familias del norte. Además, el cambio climático incrementa los riesgos para los pescadores que han sustituto los trineos por barcos: la lluvia, en lugar de nieve, crea un hielo transparente casi invisible que puede hundir embarcaciones, advirtió Morgan Angaju Josefsen Røjkjær, socio de Kristensen.
El glaciar Sermeq Kujalleq ha retrocedido unos 40 kilómetros durante la vida de Karl Sandgreen, director del Icefjord Center de Ilulissat. Señaló que la contaminación y el hollín de los barcos aceleran el deshielo al oscurecer la superficie y absorber más calor solar. “Su agenda es conseguir los minerales”, comentó sobre Trump.
Ante estos cambios, Kristensen busca educar a los visitantes y a los niños sobre la urgencia de proteger el Ártico. Explica que los glaciares de Groenlandia son tan vitales para el planeta como la selva amazónica. “Si no empezamos por los niños, no podremos hacer nada para ayudar a la naturaleza. Sólo podremos destruirla”, reflexionó.
Mientras tanto, él sigue recorriendo su tierra con los perros que lo acompañaron toda la vida, intentando mantener viva una tradición que se derrite junto al hielo que la sostuvo por más de mil años.




