La Paz, Bolivia — La ausencia de casi un mes del icono socialista boliviano Evo Morales ha generado alarma entre sus seguidores, entusiasmo entre sus detractores y una avalancha de especulaciones en las redes sociales.
Desde principios de enero, Morales ha faltado a actos públicos que solía encabezar, como ceremonias estudiantiles, reuniones con su sindicato cocalero en el Chapare y la emisión semanal de su programa de radio político, transmitido sin interrupciones durante años. También se ha reducido casi por completo su actividad en redes sociales.
Aunque Morales ha pasado el último año eludiendo una orden de detención por tráfico de personas —acusaciones que rechaza por considerarlas de motivación política—, hasta ahora su condición de prófugo no le había impedido participar en mítines, conceder entrevistas o incluso dirigir una campaña presidencial desde su bastión político del Chapare.
La incertidumbre sobre su paradero se intensificó tras la detención, el 3 de enero, de su aliado cercano, el expresidente venezolano Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos, en un contexto de mayor presión política de la administración Trump en Sudamérica.
Los allegados de Morales han evitado dar explicaciones detalladas. De manera pública, han indicado que el expresidente se recupera de dengue. “Hemos pedido a nuestro hermano Evo Morales que descanse completamente”, señaló Dieter Mendoza, vicepresidente de las Seis Federaciones, organización que dirige el comercio de la hoja de coca en el trópico.
Sus adversarios recuerdan el precedente de 2019, cuando Morales renunció tras la presión militar y salió primero a México y luego a Argentina, retornando al país en 2020 cuando Luis Arce, su exministro de Economía, asumió la presidencia. El diputado derechista Edgar Zegarra afirmó, sin pruebas, que Morales se encuentra en México, mientras exigía al gobierno demostrar lo contrario.
El comandante de la Policía, general Mirko Sokol, aseguró que “el expresidente no ha salido de Bolivia, al menos no a través de ningún canal oficial”. Intentos de contactarlo por mensajes y llamadas no obtuvieron respuesta.
La desaparición de Morales ocurre en medio de un giro político regional. En Bolivia, el presidente centrista Rodrigo Paz fue electo en octubre pasado, alineándose con una tendencia más amplia hacia la derecha en América Latina. Su gobierno ha buscado recomponer la relación con Estados Unidos, facilitar el regreso de la DEA y obtener apoyo financiero internacional.
En el Chapare, cocaleros aseguran no haber visto a Morales desde el 8 de enero, tras el sobrevuelo de un helicóptero Super Puma. El viceministro de Defensa Social, Ernesto Justiniano, aclaró que se trató de una misión de recolección de datos sin relación con Morales.
Mientras los críticos del gobierno utilizan los rumores para presionar a Paz, Morales mantiene una base de apoyo leal que ha advertido que resistirá cualquier intento de detención en la región. Por ahora, su círculo cercano prefiere mantener el misterio. “Nuestro hermano presidente está muy bien”, dijo Leonardo Loza, exsenador y amigo cercano de Morales. “Está en un rincón de nuestra patria grande”.




