Caracas – A un mes de la captura del entonces presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, Venezuela vive entre la incertidumbre y la esperanza. El país atraviesa un momento de introspección política y social, mientras intenta adaptarse a la nueva realidad encabezada por la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez.
En Caracas, los murales exigiendo la liberación de Maduro contrastan con ciudadanos que dudan de la autonomía de Rodríguez ante las demandas de Washington. Muchos se preguntan si la nueva mandataria representa una transformación real o una continuidad del chavismo bajo otro liderazgo. «Es un cambio importante, ciertamente, pero todo sigue igual», expresó el jubilado Julio Castillo, de 74 años.
El gobierno venezolano calificó la captura de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, como un secuestro. Desde entonces, Rodríguez ha prometido luchar por su liberación y ha asegurado que el país actúa “bajo coacción” tras permitir que la administración de Donald Trump controle los ingresos petroleros. En sus palabras: “El pueblo de Venezuela no acepta órdenes de ningún factor externo. Este gobierno obedece al pueblo”. Pese a su discurso, su decisión de abrir el sector petrolero a la privatización supuso un giro histórico en el chavismo.
El operativo que condujo a la detención dejó un saldo de muertos y heridos, generando miedo en la población. “Pensamos que íbamos a morir”, relató Margaret García, maestra residente en un edificio cercano al lugar del ataque. Su hijo aún teme dormir solo, por miedo a un nuevo atentado.
En el ámbito político, la oposición vuelve a asomar cautelosa. Líderes que llevaban meses en silencio, como Andrés Velásquez, reaparecieron en público criticando la gestión de Rodríguez y advirtiendo sobre una posible “continuación de la dictadura”. Sin embargo, aún no hay manifestaciones masivas ni celebraciones por la caída de Maduro, y muchos venezolanos optan por la autocensura para evitar represalias.
Mientras tanto, Estados Unidos ha señalado que no prevé nuevas acciones militares. “No estamos preparados ni tenemos intención de emprender ninguna acción militar en Venezuela en este momento”, afirmó el secretario de Estado Marco Rubio ante el Senado.
En el plano económico, la población mantiene expectativas ante un posible incremento salarial y mejora de la industria petrolera. El salario mínimo, de apenas 0.35 dólares al mes, no se ajusta desde 2022, lo que sitúa a millones de trabajadores por debajo del umbral de pobreza extrema definido por las Naciones Unidas.
“Vemos que un momento negativo nos ha traído cosas positivas”, comentó García, esperanzada con el cambio. Pero en las calles el sentimiento es mixto: el miedo persiste, y el futuro político y social de Venezuela sigue siendo incierto.




