Dubái, Emiratos Árabes Unidos — Funcionarios iraníes mantuvieron el miércoles contactos con países de Oriente Medio ante la amenaza de un posible ataque militar de Estados Unidos, un mes después del inicio de las protestas en Irán que se extendieron por todo el país y fueron reprimidas con violencia.
Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos declararon que no permitirán el uso de su espacio aéreo para ataques. Sin embargo, Estados Unidos desplegó el portaaviones USS Abraham Lincoln y varios destructores con misiles guiados en la región, lo que eleva la tensión.
El presidente Donald Trump aún no ha decidido si usará la fuerza, aunque impuso dos límites: no tolerará el asesinato de manifestantes pacíficos ni ejecuciones masivas de detenidos. Activistas reportaron al menos 6,221 muertos tras la represión, aunque creen que el número real es mayor.
Trump escribió en Truth Social que espera que Irán “venga a la mesa” para negociar un acuerdo sin armas nucleares, advirtiendo que “el tiempo se está acabando” y que “el próximo ataque será mucho peor”.
Mientras tanto, los medios estatales iraníes, únicos accesibles tras el bloqueo de internet, tildan a los manifestantes de “terroristas”. El apagón digital ha provocado creciente indignación y temor entre la población, golpeada además por la crisis económica.
“Mi generación falló en dejar una mejor enseñanza”, lamentó Mohammad Heidari, profesor de secundaria en Teherán. “La educación que dimos terminó costando miles de vidas”.
La diplomacia se movió rápido: el canciller egipcio Badr Abdelatty conversó con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, y con el enviado estadounidense Steve Witkoff para buscar una salida pacífica. El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, aseguró al presidente iraní Masoud Pezeshkian que su país no permitirá acciones militares en su territorio contra Irán, una posición que también adoptaron los Emiratos Árabes Unidos.
Qatar, sede de la base aérea estadounidense de Al Udeid, se convirtió en otro punto crucial. Araghchi y el funcionario iraní Ali Larijani sostuvieron conversaciones con el primer ministro qatarí Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, aunque no trascendieron detalles.
Araghchi declaró ante la prensa que “la diplomacia no puede basarse en amenazas militares” y que cualquier negociación debe darse “en igualdad de condiciones y respeto mutuo”.
Desde el exterior, la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos informó que entre los 6,221 muertos hay 5,858 manifestantes, 214 agentes del gobierno, 100 niños y 49 civiles que no participaban en las protestas. También documentaron más de 42,300 arrestos. Las cifras oficiales iraníes son mucho menores, con 3,117 muertos reconocidos.
Las manifestaciones, desatadas el 28 de diciembre por la caída del rial, derivaron en una represión sin precedentes desde la Revolución Islámica de 1979. En medio de esta ola de violencia, Irán ejecutó a Hamidreza Sabet, acusado de espiar para Israel, la decimotercera ejecución de este tipo desde la guerra de junio.
La incertidumbre domina la región, mientras las naciones árabes buscan evitar que un nuevo conflicto militar agrave la inestabilidad en Oriente Medio.




