Nació en un campo de concentración y hoy comparte su historia del Holocausto

Ilana Kantorowicz Shalem, nacida en Bergen-Belsen en 1945, relata por primera vez la valentía de su madre y su propia supervivencia.
Sobrevivió solo porque nació cuando los dirigentes nazis estaban en desbandada y la guerra tocaba a su fin

En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, Lola Kantorowicz hizo lo imposible por ocultar su embarazo en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Su vientre, al igual que el de muchas prisioneras, estaba hinchado por el hambre, lo que le permitió esconderlo. En marzo de 1945, en medio del caos por el avance ruso en Alemania, dio a luz a su hija Ilana, apenas un mes antes de la liberación del campo por las tropas británicas.

Hoy, a sus 81 años, Ilana Kantorowicz Shalem es una de las supervivientes más jóvenes del Holocausto. Sobrevivió porque nació cuando el régimen nazi ya se derrumbaba. Más de ocho décadas después, Shalem decidió contar su historia y la de su madre, consciente de que cada vez quedan menos voces vivas del Holocausto.

Cada 27 de enero, el mundo conmemora el Día Internacional de Recuerdo del Holocausto, establecido por la ONU en 2005, fecha de la liberación de Auschwitz-Birkenau, donde murieron 1.1 millones de personas. En total, seis millones de judíos europeos fueron asesinados por los nazis y sus colaboradores, además de millones de polacos, romaníes, personas con discapacidad y miembros de la comunidad LGBTQ+.

Los padres de Shalem, Lola Rosenblum y Hersz (Zvi) Abraham Kantorowicz, se conocieron en el gueto polaco de Tomaszow. Pese a las penurias, mantuvieron su amor y llegaron a casarse en una sencilla ceremonia clandestina. En 1944 fueron separados: él murió en una marcha de la muerte, y ella fue trasladada, estando embarazada, hasta Bergen-Belsen tras pasar por Auschwitz.

“Si hubieran descubierto que estaba embarazada, la habrían matado”, relató Shalem. “Mi madre ocultó su estado a todos, incluso a sus amigas, porque no quería atención ni que le quitaran su comida”. Según la archivista de Yad Vashem, Sima Velkovich, fue “inimaginable” que un bebé naciera en un entorno con tanta enfermedad, hambre y muerte.

Tras la liberación, madre e hija permanecieron dos años en un campo de desplazados antes de emigrar a Israel. Lola nunca volvió a casarse ni a tener más hijos. Ilana recuerda que en aquel campo “era la hija de todos”, símbolo de esperanza para los sobrevivientes. Las imágenes de la época la muestran rodeada de adultos sonrientes que la veían como una señal de vida.

Shalem se formó en trabajo social y, ya en los años sesenta, comenzó a preguntar a su madre sobre el pasado, un tema aún tabú en Israel. “Ahora sabemos que debemos hablar del trauma para poder asimilarlo”, dijo. Sin embargo, su madre rara vez compartía su experiencia, temerosa de la incredulidad ajena.

Actualmente, de acuerdo con la Conferencia sobre Reclamaciones Materiales Judías contra Alemania, existen unos 196,600 sobrevivientes del Holocausto en el mundo, la mitad residentes en Israel. La edad promedio es de 87 años, y cada año fallecen miles. “Comprendí que nuestra historia debía ser contada antes de que el tiempo nos silencie”, expresó Shalem.

Al mirar hacia atrás, Ilana no puede imaginar cómo su madre logró traerla al mundo en medio de aquel infierno. “Requería una fuerza especial para creer”, reflexionó. “Mi existencia es prueba de esa fuerza”.

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