LONDRES – Los elogios y la diplomacia cortesana hacia Donald Trump parecen haber llegado a su fin en Europa. Tras un año de intentos por manejar a un presidente estadounidense envalentonado en su segundo mandato, los líderes europeos han comenzado a unirse en una respuesta firme ante sus exigencias y amenazas. La chispa fue su insistencia en que Estados Unidos debe “gobernar absolutamente” Groenlandia, el territorio semiautónomo de Dinamarca y aliado de la OTAN.
La propuesta, que incluyó castigos para quienes se opusieran, llevó a las capitales europeas a cerrar filas. “Gran Bretaña no cederá”, afirmó el primer ministro británico Keir Starmer, mientras otros mandatarios insistieron en que “Europa no se dejará chantajear”. El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, añadió: “Las amenazas no tienen cabida entre aliados”.
Durante el Foro Económico Mundial en Davos, Trump reiteró su deseo de controlar Groenlandia. “Podéis decir que sí y estaremos agradecidos. O podéis decir que no, y lo recordaremos”, advirtió. Su actitud provocó una ola de declaraciones conjuntas europeas. “Cuando Europa permanezca unida y sea clara en su defensa, se verán los resultados”, declaró la primera ministra danesa, Mette Frederiksen.
El cambio de tono ha sido radical. Hace apenas un año, los gobiernos europeos buscaban aplacar a Trump, esperando moldear su comportamiento con diplomacia. Sin embargo, el intento de anexar Groenlandia y las amenazas comerciales acabaron con la paciencia. Jens-Frederik Nielsen, primer ministro de Groenlandia, fue tajante: “Basta. No más insinuaciones. No más fantasías sobre la anexión”.
La tensión escaló cuando Trump amenazó con imponer un arancel del 10% a productos europeos si no se concretaba la “compra total” de Groenlandia, e incluso con elevarlo al 25% en junio. Las capitales respondieron en bloque, subrayando que cualquier intento de invasión supondría el fin de la OTAN.
En Davos, varios expertos interpretaron la firmeza europea como el resultado de un cambio estratégico. Duncan Snidal, profesor emérito de Oxford, observó que “Trump está en una posición débil, con problemas internos y líos judiciales pendientes”. El canadiense Mark Carney, por su parte, llamó a rechazar la “coerción” del poder dominante.
Aun así, los líderes se mueven con cautela. Antes de abandonar Davos, Trump reculó parcialmente: retiró su amenaza de usar la fuerza y habló de un “marco de acuerdo” para garantizar “acceso total a Groenlandia”. Pero Frederiksen volvió a marcar límites: “No podemos negociar sobre nuestra soberanía”.
La escena marca un punto de inflexión en la política transatlántica: Europa ha aprendido a decir “no” a Trump y, quizá por primera vez, a hacerlo unida.




