Minneapolis — La mañana del sábado comenzó tranquila y helada en la conocida “Eat Street”, al sur del centro de Minneapolis. En cuestión de horas, esa serenidad dio paso a la confusión y la ira. Alex Pretti, de 37 años, fue abatido por un agente federal de inmigración alrededor de las 9:00 a.m., a poco más de una milla y media del lugar donde, semanas atrás, otra persona murió en circunstancias similares.
Videos compartidos en redes sociales mostraron a varios agentes sobre el cuerpo de un hombre mientras se escuchaban disparos. Minutos después, manifestantes comenzaron a congregarse y confrontar a los agentes. Según periodistas de Associated Press, decenas de personas llegaron con silbatos para alertar sobre la presencia de autoridades federales. Las tensiones aumentaron rápidamente: se lanzaron granadas aturdidoras, gas pimienta y bolas de pimienta mientras los manifestantes levantaban barricadas improvisadas. Cinco horas más tarde, los agentes se retiraron del área en un convoy.
Hacia la tarde, los manifestantes habían tomado control de la intersección cercana al tiroteo. Allí improvisaron un memorial con velas, flores y ramas de árboles en honor a Pretti. Algunos pronunciaron discursos, mientras otros golpeaban contenedores metálicos o sostenían pancartas que exigían la salida del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Minnesota.
El ambiente en las calles recordó a las protestas de 2020 tras la muerte de George Floyd, aunque sin los disturbios generalizados de aquel entonces. La Guardia Nacional anunció que colaboraría en la seguridad de la zona y la policía local estableció un perímetro de siete manzanas restringido al tráfico. Varias tiendas y espacios culturales cerraron por precaución, mientras algunos comercios ofrecieron refugio y bebidas calientes a los manifestantes.
Al anochecer, cientos de personas permanecían en vigilia frente al monumento, en medio del frío y el luto por la nueva pérdida humana que volvió a estremecer a Minneapolis.




