La economía de Estados Unidos depende actualmente de las fuertes inversiones en infraestructura de inteligencia artificial (IA), una tendencia que despierta tanto entusiasmo como preocupación por su sostenibilidad a largo plazo. De acuerdo con un reciente informe del Bank of America (BoA), la inversión en software y equipos informáticos vinculados a la IA aportó hasta 1.3 puntos porcentuales al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en el segundo trimestre del año, lo que equivale a aproximadamente la mitad del avance económico total del país.
El dato confirma que la IA se ha convertido en uno de los principales motores del crecimiento, compensando los efectos negativos de los elevados tipos de interés. James Egelhof, economista jefe de BNP Paribas en Estados Unidos, resumió la situación con contundencia: “La IA ha evitado que la economía entre en recesión”.
Analistas de otras entidades, como Deutsche Bank, coinciden con esta visión. Según BoA, el PIB registró una leve contracción en el primer trimestre de 2025, pero repuntó con un crecimiento del 3.8% entre abril y junio. En su informe, la entidad destacó que “una de las principales razones de la resiliencia del crecimiento es la inversión dirigida a categorías tecnológicas y relacionadas con IA”.
Goldman Sachs indicó que empresas como Microsoft, Meta, Alphabet y Amazon concentran más del 25% de toda la inversión en capital de las compañías que integran el índice S&P 500, y que su gasto en este rubro crece a un ritmo anual del 75%.
Sin embargo, no todos los indicadores son alentadores. Un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) reveló que el 95% de 300 iniciativas públicas de IA analizadas no han generado retornos. Este hallazgo lleva a algunos expertos a comparar el auge actual con la burbuja tecnológica del año 2000, que eliminó más de cinco billones de dólares de los mercados bursátiles.
BoA advirtió que la tendencia inversora siguió acelerándose en el tercer trimestre, con un aumento interanual de 6.9% en el gasto tecnológico de pequeñas empresas, especialmente en manufactura y construcción. No obstante, el auge de los centros de datos, esenciales para el desarrollo de la IA, está impulsando al alza los precios de la energía. Según Pew Research, estos centros consumen cerca del 4% de toda la electricidad del país; algunos complejos en Virginia usan tanta energía como una ciudad completa.
De momento, la IA no está reduciendo el empleo. Al contrario, las cifras oficiales muestran que sectores como el financiero y el tecnológico están generando más puestos de trabajo, impulsados por esta tecnología. Sin embargo, la gran incógnita, según el analista George Saravelos de Deutsche Bank, es qué ocurrirá cuando las inversiones en IA se desaceleren.
“Las malas noticias son que, para que el ciclo tecnológico siga contribuyendo al crecimiento del PIB, las inversiones de capital necesitan mantener un ritmo exponencial, algo altamente improbable”, advirtió Saravelos en una nota a inversionistas.




